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Dieta con más proteínas en la mediana edad se asocia a mejor audición en la vejez

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Una investigación con participación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha encontrado una asociación entre la alimentación durante la mediana edad y la función auditiva en etapas posteriores de la vida. El trabajo, publicado en The Journals of Gerontology: Series A, señala que una mayor ingesta de proteínas y la adherencia a un patrón alimentario bajo en grasas se relacionan con una mejor audición en la vejez.

El estudio se desarrolló durante una estancia de investigación del profesor de la UAM Humberto Yévenes-Briones en la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, financiada mediante una beca Fulbright. Esta ayuda facilitó la colaboración entre especialistas de la UAM, Johns Hopkins University y otras instituciones internacionales, entre ellas New York University.

La pérdida auditiva constituye un problema de salud pública especialmente relevante entre las personas mayores. Además de dificultar la comunicación, se relaciona con el aislamiento social, el deterioro cognitivo y una menor calidad de vida. Sin embargo, todavía se conoce poco sobre la posible influencia de la alimentación mantenida durante etapas anteriores de la vida.

Hasta 30 años de seguimiento

Para estudiar esta relación, el equipo analizó datos de 2.773 participantes del proyecto estadounidense Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC), una amplia cohorte dedicada al estudio del envejecimiento y las enfermedades crónicas. Los participantes tenían entre 45 y 64 años al inicio de la investigación.

Su alimentación se evaluó en dos ocasiones mediante cuestionarios de frecuencia de consumo validados, con los que se estimó la ingesta de proteínas, grasas y carbohidratos, así como la adherencia a patrones alimentarios bajos en grasas o en carbohidratos. Hasta tres décadas después, su función auditiva fue examinada mediante audiometrías de tonos puros, una prueba objetiva que mide la capacidad para escuchar sonidos de diferentes frecuencias.

Este diseño permitió relacionar la alimentación durante la mediana edad con la audición en etapas posteriores, teniendo en cuenta los principales factores que podían influir en los resultados.

Mejor audición entre quienes consumían más proteínas

Las personas situadas en el grupo con mayor ingesta total de proteínas presentaron una mejor función auditiva que aquellas con un consumo menor. La asociación fue especialmente clara en las frecuencias medias y altas.

Al comparar los grupos de mayor y menor consumo, la ingesta elevada de proteínas se asoció con un 37 % menos de probabilidades de presentar algún grado de pérdida auditiva. La relación se observó tanto en los casos leves como en los moderados o más graves.

Los resultados también mostraron que una mayor ingesta total de grasas se relacionaba con peores indicadores auditivos. Por el contrario, una mayor adherencia a un patrón alimentario bajo en grasas se asoció con una menor presencia de pérdida auditiva.

Una asociación que comienza décadas antes

Los hallazgos sugieren que algunos factores relacionados con la salud auditiva en la vejez podrían comenzar a actuar mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. La pérdida auditiva asociada al envejecimiento no depende únicamente de factores biológicos o genéticos.

También puede estar relacionada con exposiciones y hábitos modificables mantenidos a lo largo de la vida, entre los que podría encontrarse la alimentación. Serán necesarios nuevos estudios para confirmar estas observaciones, analizar el papel de las distintas fuentes de proteínas y grasas y comprender los mecanismos biológicos implicados.

Una colaboración impulsada por Fulbright

La investigación fue posible gracias a una beca del programa Fulbright, que permitió a Yévenes-Briones realizar una estancia en la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, clasificada como la primera escuela de salud pública de Estados Unidos por U.S. News & World Report.

La estancia favoreció el acceso a la cohorte ARIC y el trabajo conjunto con especialistas en epidemiología, nutrición, envejecimiento y salud auditiva. La publicación refleja el papel de los programas de movilidad y de la cooperación internacional en la generación de conocimiento sobre algunos de los principales retos sanitarios asociados al envejecimiento de la población.

El estudio refuerza la idea de que la prevención de la pérdida auditiva podría comenzar mucho antes de lo que se pensaba, a través de hábitos dietéticos mantenidos durante la mediana edad. Los autores insisten en la necesidad de más investigación para entender los mecanismos biológicos y el papel de las distintas fuentes de proteínas y grasas.

La pérdida auditiva no tratada se ha vinculado con consecuencias sociales y cognitivas significativas, por lo que identificar factores modificables como la dieta resulta de gran interés para la salud pública. Este trabajo aporta evidencia en esa dirección, aunque sus resultados deben confirmarse en futuros estudios.

La colaboración internacional, facilitada por programas como Fulbright, ha sido clave para acceder a cohortes de largo seguimiento y equipos multidisciplinares. Los investigadores subrayan la importancia de seguir explorando cómo la alimentación y otros hábitos influyen en el envejecimiento saludable.

Dieta con más proteínas en la mediana edad se asocia a mejor audición en la vejez


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