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¿La cirugía de La Peyronie acorta el pene? Mitos y verdades sobre una de las mayores preocupaciones de los pacientes

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Hablar de la longitud del pene puede resultar incómodo para muchos hombres, especialmente cuando aparece una deformidad que afecta a la erección o a las relaciones sexuales. En la enfermedad de La Peyronie, además del dolor y la curvatura, existe una preocupación frecuente: ¿corregir el problema mediante cirugía puede hacer que el pene se acorte todavía más?

La respuesta no es un sí o un no rotundo. El efecto sobre la longitud depende de la técnica quirúrgica, de la curvatura, de la función eréctil y de las características de cada paciente. En algunos casos, la intervención puede mejorar la alineación y recuperar longitud funcional; en otros, puede producir una reducción de longitud que debe valorarse antes de tomar una decisión.

El Dr. François Peinado, urólogo y andrólogo especializado en salud sexual masculina y cirugía del pene, subraya la importancia de explicar las opciones y sus posibles consecuencias de forma individualizada.

¿Qué es la enfermedad de La Peyronie y por qué puede cambiar el tamaño del pene?

La enfermedad de La Peyronie es una afección benigna en la que se forma tejido cicatricial en la túnica albugínea, la membrana que envuelve los cuerpos cavernosos del pene. Durante la erección, esta zona pierde parte de su elasticidad y no se estira de manera uniforme, lo que puede provocar una curvatura o una deformidad.

Sus manifestaciones varían de una persona a otra. Entre las más habituales se encuentran:

  • Curvatura o deformación del pene, hacia arriba, abajo o hacia uno de los lados.
  • Dolor durante la erección, especialmente en la fase inicial de la enfermedad.
  • Acortamiento aparente o real, relacionado con la deformidad y los cambios en el tejido.
  • Dificultad para mantener relaciones sexuales, cuando la curvatura o la rigidez dificultan la penetración.

Aunque puede aparecer a distintas edades, se diagnostica con mayor frecuencia a partir de los 40 o 50 años. Su causa no siempre está clara, pero se relaciona con procesos anómalos de cicatrización y, en algunos pacientes, con microtraumatismos repetidos.

La enfermedad suele atravesar una fase activa, en la que la curvatura puede cambiar y el dolor estar presente, y otra estable, en la que la deformidad deja de evolucionar de forma significativa. Esta distinción es importante: la cirugía se suele plantear cuando la curvatura está estabilizada y supone un problema funcional relevante, no simplemente porque exista una pequeña desviación.

Mito o verdad: ¿la cirugía siempre acorta el pene?

Mito: cualquier operación para corregir La Peyronie reduce necesariamente la longitud.

No todas las intervenciones actúan del mismo modo. Algunas corrigen la curvatura acortando ligeramente el lado más largo del pene; otras buscan corregir deformidades complejas mediante técnicas reconstructivas. La elección depende de la anatomía, el grado de curvatura, la longitud inicial y la calidad de la erección.

El Dr. Peinado señala que la propia deformidad puede generar una percepción de acortamiento antes de la operación. Al enderezar el pene, en determinados casos es posible recuperar parte de su longitud funcional, aunque esto no significa que el órgano vaya a aumentar necesariamente su longitud anatómica.

Estas son las principales técnicas quirúrgicas y sus diferencias:

1. Plicatura: corregir la curvatura a costa de posible longitud

Las técnicas de plicatura se utilizan habitualmente en pacientes con una curvatura que puede corregirse sin recurrir a una reconstrucción más compleja, especialmente cuando la función eréctil es adecuada y la longitud disponible permite asumir una posible reducción.

El procedimiento consiste en acortar el lado más largo del pene para alinearlo con el lado afectado por la placa. Su ventaja es que puede corregir la deformidad de forma eficaz sin intervenir directamente sobre la placa cicatricial.

Sin embargo, puede reducir la longitud del pene, y el cambio puede ser más relevante en curvaturas pronunciadas. Por eso, antes de operar es importante hablar de las expectativas, el grado de corrección necesario y la posible repercusión sobre el tamaño.

2. Incisión o escisión de la placa e injerto: una opción para deformidades complejas

En determinados casos de curvatura severa, deformidad compleja o acortamiento importante, el especialista puede valorar una intervención sobre la placa mediante incisión y, en situaciones seleccionadas, colocación de un injerto.

Estas técnicas buscan liberar la zona que limita la expansión del pene y corregir la deformidad sin recurrir al mismo mecanismo de acortamiento del lado opuesto que se utiliza en la plicatura.

No obstante, no garantizan conservar toda la longitud ni están exentas de riesgos. Entre las posibles complicaciones se encuentra el deterioro de la función eréctil, por lo que la selección del paciente es fundamental. El objetivo principal es corregir la deformidad y mejorar la función, no asegurar un aumento de tamaño.

3. Prótesis de pene: cuando también existe disfunción eréctil

Si la enfermedad de La Peyronie se acompaña de disfunción eréctil que no responde adecuadamente a otros tratamientos, puede plantearse una prótesis de pene. En función del caso, el especialista puede combinarla con maniobras para corregir la curvatura.

La prótesis está diseñada para proporcionar la rigidez necesaria para las relaciones sexuales. Puede mejorar la función sexual y la alineación del pene, pero no garantiza recuperar la longitud perdida antes de la intervención. La longitud final depende de factores como el daño previo, la fibrosis, la anatomía y las técnicas complementarias utilizadas.

¿Cuándo conviene plantearse una operación?

No todos los hombres con La Peyronie necesitan cirugía. Si la curvatura es leve, no causa dolor ni interfiere con las relaciones sexuales, el especialista puede recomendar seguimiento u otras alternativas, según la fase de la enfermedad y las características del paciente.

La intervención se considera principalmente cuando la deformidad está estable y afecta de forma importante a la función sexual o a la calidad de vida. Para decidir el abordaje, el urólogo suele valorar aspectos como:

  • El grado y la dirección de la curvatura.
  • La presencia de estrechamientos o deformidades en forma de bisagra.
  • La longitud del pene y las expectativas realistas del paciente.
  • La calidad de la erección y la existencia de disfunción eréctil.
  • La estabilidad de la enfermedad y el impacto sobre las relaciones sexuales.

La experiencia del cirujano en cirugía reconstructiva del pene también es relevante, pero no sustituye una evaluación completa ni permite garantizar un resultado concreto.

El mensaje esencial es que la mejor técnica no es la misma para todos los pacientes. Corregir la curvatura, preservar la función eréctil y gestionar las expectativas sobre la longitud son objetivos que deben analizarse conjuntamente antes de la intervención.

Si notas una curvatura nueva, dolor durante la erección, cambios progresivos en la forma del pene o dificultades en las relaciones sexuales, conviene consultar con un urólogo. Una valoración temprana permite identificar el problema, conocer las opciones disponibles y decidir el tratamiento más adecuado sin asumir que la cirugía sea siempre necesaria.


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