La rehabilitación tras un ictus afronta un desafío mayúsculo: recuperar la movilidad y la independencia en un contexto de fatiga persistente y secuelas motoras. En este escenario, un estudio de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) ha constatado que realizar ejercicio moderado e intermitente en el domicilio contribuye a recuperar la autonomía funcional de los pacientes. La investigación, liderada por la docente e investigadora del departamento de Fisioterapia de la UIC, Rosa M. Cabanas, se ha desarrollado con la financiación de la fundación CASER y del Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña, y ha consistido en un programa domiciliario de actividad física de doce semanas.
El método VILPA: ráfagas breves de movimiento para el día a día
El estudio ha explorado en pacientes de ictus el método VILPA, un término acuñado por investigadores de la Universidad de Sídney para definir una estrategia de salud basada en ráfagas muy breves e intensas de movimiento de entre tres y cuatro minutos de duración que se realizan de forma improvisada durante las tareas cotidianas, sin necesidad de ir al gimnasio ni realizar un entrenamiento estructurado, según ha explicado la Dra. Cabanas. Esta aproximación encaja con la realidad de muchas personas que han sufrido un ictus, para quienes desplazarse a un centro deportivo o seguir una rutina compleja puede resultar inviable.
La intervención ha consistido en cuatro sesiones diarias de tres minutos durante doce semanas. En estas sesiones, los participantes han realizado actividad física intermitente de intensidad moderada-vigorosa, con ejercicios funcionales como levantarse y sentarse de una silla, hacer sentadillas, subir y bajar escaleras o caminar a ritmo rápido. El programa incluía visitas domiciliarias semanales realizadas por una fisioterapeuta para adaptar las actividades según las capacidades de cada participante, y aumentaba progresivamente su dificultad mediante el uso de una mochila con peso a medida que los pacientes toleraban las actividades.
Resultados: menos fatiga y más calidad de vida
Los resultados del estudio, en el que han participado 36 pacientes, han demostrado una reducción de la percepción de fatiga y un incremento de la calidad de vida relacionada con la salud en actividades cotidianas, así como una recuperación significativa de la independencia y la movilidad. Destaca especialmente el caso de un participante que ha podido reincorporarse a su actividad laboral tras la intervención. Estos hallazgos subrayan que pequeñas dosis de actividad física, integradas en la rutina diaria, pueden tener un impacto tangible en la vida de los pacientes.
La investigadora ha destacado que es importante seguir un proceso de rehabilitación porque los pacientes quedan con secuelas motoras que se han de rehabilitar y el paciente no sabe cómo. En el caso de que no queden secuelas, la rehabilitación es clave para no padecer otro ictus, ya que las estadísticas muestran que una vez se ha tenido un ictus es mucho más fácil tener otro, a no ser que se modifique el estilo de vida, ha concluido. 
El papel motivador del fisioterapeuta
Más allá de la prescripción de ejercicios, el acompañamiento profesional se revela como un factor determinante. La fisioterapia, aparte de enseñar al paciente a realizar los ejercicios y actividad física, también lo motiva a recuperarse, ya que el paciente valora mucho el contacto presencial con el fisioterapeuta, ha explicado la Dra. Cabanas. Este vínculo humano refuerza la adherencia al programa y combate uno de los grandes enemigos de la recuperación: la falta de motivación ante un proceso largo y exigente.
La recuperación de un paciente de ictus es larga, y cada vez más se evidencia la importancia de realizar actividad física para aumentar la autonomía y la independencia, aunque sean solo pequeñas dosis de pocos minutos al día en las tareas cotidianas diarias, según expresa la investigadora. La investigación de la UIC pone en valor el papel de la fisioterapia y la rehabilitación para recuperar la movilidad e independencia, y abre una vía esperanzadora para quienes afrontan las secuelas de un ictus en el entorno doméstico.
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