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Día Nacional del Síndrome del Intestino Irritable: 5 mitos que frenan su diagnóstico y tratamiento

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El Síndrome del Intestino Irritable (SII) —popularmente conocido como colon irritable— es un trastorno funcional digestivo caracterizado por la presencia recurrente de dolor o malestar abdominal, distensión, meteorismo y alteraciones en el hábito deposicional (en forma de estreñimiento, diarrea o un patrón mixto). Coincidiendo con el Día Nacional del SII, celebrado este 21 de octubre, los especialistas en gastroenterología hacen un llamamiento para visibilizar una condición con un elevado impacto psicosocial y funcional.

Según la Federación Española del Aparato Digestivo (FEAD), el SII representa aproximadamente el 30% de las consultas derivadas a la especialidad de digestivo desde atención primaria. A pesar de su alta prevalencia, el proceso diagnóstico suele demorarse de forma considerable debido a la normalización de los síntomas por parte del paciente o a la persistencia de mitos profundamente arraigados.

Desmontando los 5 falsos mitos sobre el SII

La Dra. Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Farmasierra, analiza las principales falsas creencias que dificultan el abordaje eficaz de esta patología:

  1. «Es solo una consecuencia del estrés»: Aunque el eje cerebro-intestino juega un papel modulador clave y las situaciones de tensión emocional pueden desencadenar o exacerbar los brotes, el SII es una patología multifactorial. Requiere una estrategia integrada que sume apoyo psicológico (como la terapia cognitivo-conductual) con intervenciones en la dieta, la actividad física y la higiene del sueño.
  2. «Existe una dieta única y perfecta para el SII»: No hay un patrón alimentario universal aplicable a todos los pacientes. Las estrategias hiperrestrictivas (como la eliminación sistemática de gluten o lactosa, especialmente contraindicada en niños sin diagnóstico celiaco) pueden derivar en déficits nutricionales. El pilar terapéutico reside en la identificación personalizada de desencadenantes y en la adopción de un patrón adaptado e individualizado.
  3. «Si las pruebas analíticas e imagen son normales, no hay enfermedad»: Al tratarse de un trastorno funcional, el SII no cursa con lesiones estructurales u orgánicas visibles en ecografías, endoscopias o análisis de sangre convencionales. Que los estudios no muestren alteraciones no invalida la realidad ni la intensidad del dolor o la distensión.
  4. «No hay nada que hacer, hay que resignarse»: Aunque no existe un tratamiento curativo definitivo, existen diversas estrategias terapéuticas y de estilo de vida que consiguen un alivio sintomático duradero. Entre las opciones con respaldo científico destaca el uso de probióticos específicos; por ejemplo, la cepa Bifidobacterium longum 35624 cuenta con evidencia clínica sólida en la modulación de la respuesta inflamatoria local y el alivio integral de los síntomas digestivos.
  5. «Los hábitos básicos de vida influyen poco en el intestino»: La hidratación adecuada y el ejercicio físico regular son piezas angulares en el manejo del SII. La actividad física moderada no solo estimula el motilismo intestinal de forma fisiológica, sino que contribuye a reducir la hiperactivación simpática asociada al estrés.

Hacia un abordaje integral y personalizado

El retraso en el diagnóstico perpetúa un círculo de frustración y pérdida de calidad de vida. Los profesionales de la salud recuerdan que ante la presencia recurrente de molestias abdominales o cambios deposicionales es imprescindible evitar la automedicación y acudir a la consulta médica para descartar patología orgánica y trazar un plan de tratamiento individualizado y riguroso.


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