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La longevidad no es el problema: es la conquista que España aún no sabe gestionar

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España tiene un problema con la longevidad. O, mejor dicho, tiene un problema con la forma en que ha decidido mirarla. Mientras el Instituto Nacional de Estadística confirma que la esperanza de vida en nuestro país ya supera los 84 años, el relato dominante sigue empeñado en asociar el envejecimiento con la pérdida, la carga y la dependencia. Frente a esa narrativa, la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) lanza este 1 de octubre un mensaje que es, a la vez, una reivindicación y una advertencia: la longevidad no es un problema que tengamos que resolver, sino una conquista que debemos aprender a gestionar.

Del estereotipo a la realidad: no existe una única forma de envejecer

El primer frente de batalla es cultural. CEOMA insiste en la necesidad de ajustar la imagen de las personas mayores a un concepto más realista, alejado de los estereotipos que aún persisten en los medios, la publicidad y el imaginario colectivo. «No existe una única manera de envejecer; las necesidades, capacidades, preferencias y proyectos vitales de cada persona deben ser respetados», expone José Luis Fernández Santillana, presidente de la entidad.

Esa diversidad es, precisamente, la que exige un cambio de paradigma. La inclusión total —defienden— va de la mano de un nuevo modelo de cuidados que permita a cada persona decidir cómo y dónde quiere recibir los apoyos que necesite. Un modelo que no imponga, que no etiquete por la edad y que garantice que la longevidad se viva con salud, autonomía, seguridad y pleno ejercicio de los derechos.

Edadismo: la etiqueta que limita antes que el cuerpo

Uno de los obstáculos más silenciosos para ese nuevo modelo es el edadismo, esa discriminación por razón de edad que decide de antemano qué puede o no puede hacer una persona. Rechazar la edad como etiqueta no es una cuestión de corrección política: es una condición indispensable para que la longevidad sea, de verdad, una oportunidad.

En ese sentido, desde CEOMA reclaman que la voz de los mayores, canalizada a través de sus organizaciones, se tenga en cuenta más allá de las meras consultas cuando las medidas ya están adoptadas. «Queremos pedir a las administraciones el compromiso de que cada nueva política que se adopte se pregunte por su impacto sobre los mayores y que su voz sea escuchada antes de tomar decisiones», subraya Fernández Santillana.

Financiación: el 1,6% del PIB como suelo, no como techo

Las reivindicaciones, para ser efectivas, necesitan recursos. CEOMA considera imprescindible acompañar este nuevo modelo de cuidados con un plan plurianual de financiación que permita elevar progresivamente los recursos destinados a la dependencia hasta alcanzar el 1,6% del PIB en los próximos años. Sin esa inversión, advierten, la autonomía real y la vida digna quedan en una declaración de intenciones.

A ello se suma la necesidad de garantizar una adecuada protección social y unas pensiones suficientes, así como facilitar la continuidad de la vida laboral voluntaria sin recortes en la pensión. El objetivo último no es añadir años a la vida, sino «vida, autonomía y oportunidades a esos años».

Una conquista que exige madurez social

España camina hacia una sociedad más envejecida. La pregunta no es si sabremos adaptarnos, sino si lo haremos a tiempo y con qué enfoque. Para CEOMA, la longevidad es una conquista civilizatoria —el resultado de décadas de avances en sanidad, nutrición, educación y derechos— y, como toda conquista, exige gestión, visión y coraje político.

En un día como hoy, la reivindicación no va dirigida solo a las administraciones. Interpela también a una sociedad que aún mira la vejez con recelo. Porque, como resume el presidente de CEOMA, «la longevidad no es un problema que tengamos que resolver, sino una conquista que debemos saber gestionar». Y gestionarla bien no es solo una cuestión de justicia social: es la única forma de construir un futuro en el que todos, también los que hoy no somos mayores, queramos vivir.


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