Llevar una alimentación equilibrada, mantener un porcentaje de grasa corporal óptimo, no fumar y entrenar la fuerza y el cardio de forma constante son los pilares indiscutibles del autocuidado y la longevidad. Sin embargo, existe una amenaza invisible que escapa por completo a los hábitos de vida más saludables: la Lipoproteína(a) o Lp(a).
Este parámetro lipídico, determinado casi en su totalidad por la genética y el gen LPA, se ha consolidado en el 67º Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), celebrado en Santiago de Compostela, como una de las claves maestras para explicar el denominado «riesgo cardiovascular residual». Es decir, la razón por la que personas aparentemente sanas y con hábitos modélicos sufren infartos o accidentes cerebrovasculares inesperados.
A diferencia de las fracciones tradicionales de colesterol (como el LDL o el HDL), la concentración de Lp(a) en sangre viene predeterminada desde el nacimiento, apenas se altera por la dieta ni por la actividad física, y permanece estable a lo largo de toda la vida adulta. Como ha explicado la Dra. Rosa Argüeso, especialista de la Unidad de Lípidos del Hospital Universitario Lucus Augusti (Lugo), «la Lp(a) se hereda, se puede medir y conocerla permite estimar mejor el riesgo cardiovascular. Una persona puede mantener un estilo de vida impecable y presentar, sin saberlo, concentraciones muy elevadas determinadas genéticamente».
La urgencia del cribado: una sola analítica para toda la vida
El gran peligro de la Lp(a) radica en que no se incluye de forma rutinaria en las analíticas de sangre estándar, lo que permite que este factor de riesgo permanezca oculto durante décadas. Además, su comportamiento no funciona como un interruptor con un umbral fijo, sino que el riesgo de sufrir un evento aterosclerótico incrementa de forma continua a medida que suben sus niveles.
Por esta razón, las guías clínicas europeas han dado un giro drástico y recomiendan medir la Lp(a) al menos una vez en la vida en todos los adultos. El Dr. Emilio Ortega, de la Unidad de Lípidos del Hospital Clínic de Barcelona e investigador IDIBAPS-CIBEROBN, recalca que determinar sus niveles permite identificar a pacientes cuyo riesgo real está severamente infravalorado. Asimismo, si se detecta una cifra crítica, el potente componente hereditario obliga a realizar un cribado cascada en los familiares de primer grado.
Silenciamiento génico y terapias ARN: la frontera de la farmacología
Actualmente, el único procedimiento aprobado de forma específica para limpiar la Lp(a) de la sangre es la aféresis de lipoproteínas, una técnica compleja de filtrado similar a la diálisis reservada a casos muy graves. Sin embargo, la medicina de precisión vive una auténtica revolución con el desarrollo de fármacos capaces de lograr reducciones de más del 80 % de esta lipoproteína mediante biotecnología de vanguardia.
La Dra. Carmela Manrique, del Hospital de Urduliz (Vizcaya), detalla que se investigan terapias de silenciamiento génico mediante oligonucleótidos antisentido, pequeños ARN de interferencia (siRNA) e inhibidores orales de pequeña molécula que impiden el ensamblaje de la partícula. Aunque ensayos clínicos avanzados como el Lp(a)-HORIZON han demostrado descensos drásticos de la lipoproteína, los científicos guardan cautela sobre el impacto clínico directo. La gran incógnita que los actuales estudios deberán resolver en los próximos años es si la reducción farmacológica masiva de la Lp(a) se traduce matemáticamente en una reducción equivalente de infartos e ictus.
¿Qué hacer si tienes la Lipoproteína(a) alta?
A pesar de que los fármacos de silenciamiento genético están en fase de desarrollo, los endocrinólogos insisten en que conocer este dato es determinante para la prevención personalizada. Identificar una Lp(a) elevada permite a los clínicos «reclasificar» al paciente en un grupo de mayor riesgo e intensificar agresivamente el control de los factores de riesgo modificables: reducir el colesterol LDL a niveles más estrictos, blindar la presión arterial y optimizar el control de la glucosa. La Lp(a) se dibuja así como la pieza que faltaba para completar el puzle de la longevidad y la salud arterial.
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