La menopausia no siempre llega con una oleada de calor. A veces se anuncia con noches de sueño interrumpido, una irritabilidad que antes no estaba ahí o molestias articulares que complican actividades cotidianas. Son síntomas que pueden pasar más desapercibidos, pero que afectan de forma importante a la calidad de vida.
Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (Cofenat) propone prestar atención a estas molestias y explorar distintas estrategias de autocuidado. Su presidente, Roberto San Antonio-Abad, defiende un abordaje personalizado: no necesita el mismo apoyo quien tiene dificultades para dormir que quien experimenta principalmente dolor o sofocos.
La clave está en distinguir entre las prácticas que pueden favorecer el bienestar general y aquellas que cuentan con evidencia específica para aliviar determinados síntomas. Porque, aunque las terapias complementarias pueden tener cabida en esta etapa, natural no significa necesariamente eficaz ni exento de riesgos.
Yoga y relajación: cuidar el cuerpo sin perder de vista el descanso
El yoga combina movimiento, respiración y relajación. Esta mezcla puede resultar especialmente interesante durante la menopausia, cuando los cambios físicos y las alteraciones del sueño se suman, en ocasiones, al estrés cotidiano.
La investigación apunta a posibles beneficios del yoga sobre algunos síntomas psicológicos, como la ansiedad, y sobre determinados indicadores de calidad de vida. También se han observado mejoras en el sueño en algunos estudios, aunque los resultados no son uniformes y no permiten considerarlo una solución garantizada para todas las mujeres.
Su principal ventaja es que puede adaptarse a distintas capacidades físicas y convertirse en un espacio habitual para moverse, respirar con calma y reducir la tensión acumulada.
Si existen molestias articulares, conviene elegir posturas suaves y evitar movimientos que aumenten el dolor. La práctica debe ajustarse a cada persona, no al revés.
Las técnicas de respiración, la meditación y la relajación también pueden ayudar a gestionar el estrés y a crear una rutina más tranquila antes de acostarse. No sustituyen el tratamiento de un trastorno del sueño, pero pueden complementar otras medidas de higiene del descanso.
Acupuntura: ¿puede ayudar con los sofocos y las noches difíciles?
La acupuntura es otra de las opciones que se plantean para aliviar algunas molestias de la menopausia, especialmente los sofocos y las alteraciones del sueño.
Sin embargo, conviene matizar las expectativas. Algunos estudios han encontrado mejoras en la percepción de los síntomas o en determinadas medidas de calidad de vida, pero los resultados sobre los sofocos son variables. La evidencia disponible no permite afirmar que funcione de forma consistente para todas las mujeres ni que sea equivalente a los tratamientos médicos con eficacia demostrada.
Puede valorarse como complemento cuando los síntomas afectan al día a día, siempre que se expliquen sus posibles beneficios y limitaciones. Si se opta por esta técnica, es importante acudir a un profesional cualificado que utilice material estéril de un solo uso.
Además, no hay que resignarse a dormir mal durante meses. Cuando los sofocos nocturnos, el insomnio o el cansancio persistente interfieren con la vida cotidiana, consultar con un profesional sanitario permite identificar las opciones más adecuadas para cada caso.
Isoflavonas y cimicífuga: el matiz importa cuando hablamos de plantas
Para las mujeres que sufren sofocos frecuentes, Cofenat también plantea valorar determinados preparados vegetales, como las isoflavonas de soja y la cimicífuga.
Las isoflavonas son compuestos vegetales que pueden interactuar con los receptores de estrógenos, aunque su actividad es diferente de la de las hormonas humanas. Algunos estudios han observado reducciones modestas de los sofocos con determinados preparados, pero los resultados dependen de la formulación y no son concluyentes para todos los productos.
En el caso de la cimicífuga, la evidencia también es heterogénea. No todos los extractos son equivalentes y no puede darse por hecho que cualquier suplemento comercial vaya a producir el mismo efecto.
Antes de recurrir a estos productos, conviene consultar con un profesional sanitario, especialmente si se toman medicamentos, existen enfermedades previas o hay antecedentes que requieran precauciones específicas. Los suplementos pueden provocar efectos adversos e interacciones y, en el caso de la cimicífuga, se han notificado casos poco frecuentes de daño hepático.
Más allá de las terapias complementarias, hay dos pilares que siguen siendo esenciales durante esta etapa: la actividad física y una alimentación equilibrada. Caminar, realizar ejercicios de fuerza adaptados y mantener una ingesta suficiente de nutrientes ayuda a preservar la capacidad muscular y a cuidar la salud ósea. Mantener horarios regulares de sueño también puede favorecer el descanso, aunque no siempre basta para resolver el insomnio.
La menopausia no se vive igual en todas las mujeres, y tampoco existe una única estrategia válida para todas. El objetivo no es probarlo todo, sino identificar qué síntomas afectan más al bienestar y elegir opciones seguras, realistas y respaldadas por la mejor evidencia disponible. Las terapias complementarias pueden formar parte de ese camino, sin sustituir los tratamientos médicos cuando son necesarios.
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